El Tagüinchi
Octubre de 1997
Carretas y Muchachos
Ay muchacho de porra, nomás mira,
otra vez desgarrado el pantalón.
Te fuiste a las carretas, no lo niegues.
Ora mismo te doy una natera,
¡ah muchacho bribón!
Ya me cansó tu diablo de carreta,
te la voy a esconder.
Pero te advierto, te atreves a sacarla
y no me sigo llamando Doña Petra
si la vuelves a ver.
Y mira esos raspones, ¡Virgen Santa!
luego ¿qué te pasó?
Ese diantre de Tiódolo el de Triny
seguro te retó.
Y tú por no dejarte te subiste
y pos le diste a todo lo que da
pero ¿qué estás pensando?, ¡ánimas santas!
te me vas a matar
Ya decía yo que te estabas dilatando
que allá tenías que andar.
¿Qué no te dije que alhora del Rosario
allá en la Iglesia te quería mirar?
Ya nomás tienes estos pantalones
que en las tarjeas acabo de lavar;
luego habrá que comprar alguna tela
pa’ hacerte un pantalón
ni modo que te vayas a la escuela
en el puro calzón.
Mira si puso la gallina chana
y tráete de la hornilla otro blanquillo o dos
y ve case Juan Faldas pa’ que traigas
dos cuadros de alcanfor.
Con largueros de guásima hacíamos las carretas
Las ruedas eran de higuera o de copal;
alrededor llevaban unos hules
¿y por volante?, una horqueta original.
¿Y donde eran aquellas famosas carreteras
para correr nuestro juguete singular?:
las lomas de Las Pérez, de Don Goyo García,
la de Don Goyo García,
la de Don Víctor que alguien recordará.
Cuando la tarde caía sobre la loma
era la hora ideal.
Mientras que las muchachas bordaban o tejían
sentadas en las piedras o junto a algún zaguán;
nosotros, los muchachos, a todo lo que daban
con las carretas salíamos a jugar.
Las más grandotas, la envidia de todos
allá en mis tiempos, no sé más atrás;
eran las de Manuel Santana,
el hijo de Don Chencho y Doña Lupe.
Verdá buena que no había otras igual.
¿Y los expertos para conducirlas?
pues José Ortiz, hijo de Don Vidal,
Jesús García, el hijo de Don Julio
y otro muy bueno era también "La Raíz".
Sin frenos, de bajada...
allá veníamos haciendo polvadera
atrás de aquella casa de la familia Santana Tejeda.
Ay Madrina!, usté dígale a mi mama
que ya me deje la carreta sacar
con sacrificios compré case Juan Díaz
el hule de las llantas, ya sabrá...
Mañana, apenitas me levante, me voy a pepenar.
Le traeré del frijol que más le gusta
no se haga del rogar.
Y le prometo, cuando vaya al cerro
yo le traigo jocuistles, ya verá
y guayabas si voy al Aguacate y del Arroyo Colorado, estrellas,
pa’ que le lleve muchas a la Virgen. Dígale a mi mamá.
Con ese ofrecimiento, ¡Qué muchacho! no me puedo negar.
Ora en la tarde viniendo del Rosario le digo a tu mamá.
Y tú me das tres entradas de rodillas, ¡pos no faltaba más!
Y dejo de llamarme Doña Cuca si mañana a estas horas la caramba carreta en
tus manos no está.
Estela Hdez.
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