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El Tagüinchi

El Tagüinchi

Noviembre 1997

Mi Tierra

Es un pueblo, casi rancho o es un rancho, casi pueblo, es muy pobre, y sin embargo le consagro mis recuerdos. De muy pocos habitantes, creo que a mi nunca ha llegado, y de bienes materiales pobres todos, pero honrados. Es la tierra de mis padres y de mis antepasados, es la mata de la sangre de Santana y de Preciado. También otros apellidos en mi pueblo prosperaron, y fueron bien recibidos y con ellos se cruzaron. Los Perez y los García con Santana se han cruzado, como ya se les decía, y también con los Preciado. Los Hernández, los Cobián, los Ortiz y los Castillo, todos de la mano van como un pueblo muy unido. Muchos otros apellidos entre si se han enlazado, y con todos han vivido muy felices como hermanos En mil setecientos once un señor José Santana fundó el rancho, y se supone muy cerca de un ojo de agua. Don José le dió por nombre a su rancho, "San José" buen cristiano era aquel hombre, por la historia yo lo se. Además a San José se le añade "de los Guajes" por unos árboles que fruto y árbol llaman "guajes". Se supone que por eso, ya que mucho proliferan en los montes, en los cerros, y también en los Preciado. Allí fué donde mi padre con mi madre se casó y allí fue que de mi madre a la vida vine yo. Yo desciendo en línea recta de su ilustre fundador, que de conducta muy recta y muy noble era el señor. A ese rancho con cariño lo recuerdo gratamente, que desde que yo era niño llevo grabado en mi mente. Sus tierras tan pedregosas sus arroyos y sus ríos amén de otras muchas cosas son objeto de amor mio En sus campos, sus playas de exquisita sabrosura, que en otras partes no se hallan de tan igual dulzura. El arroyo colorado de románticos recuerdos que aunque el tiempo haya pasado con nostalgia lo recuerdo Aquel rio tan apacible, el lugar de los paseos, que con ansias indecibles volver a el son mis deseos Fue paseo de las familias que en alegre convivencia en sus aguas cristalinas se bañaban con decencia Del poblado hacia el levante con su blanco peñascal cual eterno vigilante está el cerro de la cal. Ese cerro desde siempre ha esperado a algún astuto que le extraiga de su vientre mármol, cal y otros productos Yo también como mi padre en el rancho descubrí a la novia que más tarde fue la esposa para mí. Como los dos nos queríamos muy pronto nos entendimos y la ilusión que teníamos pronto cumplida la vimos. Quien me hizo estimar la vida fué mi novia tan amada, hoy mi esposa tan sufrida cariñosa y abnegada. ¿Cómo no amar a mi pueblo si allí encontré yo a mi esposa? si la esposa que yo tengo es tan buena y amorosa. ¿Cómo no tener cariño a mi tierra tan querida si mis recuerdos de niño nunca jamás se me olvidan? ¡Ah que tiempos tan hermosos aquellos de mi niñez! ¡Cuanto diera por el gozo de vivirlos otra vez! Cirilo Santana L. Guadalajara, Jal. Mayo de 1979
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