El Tagüinchi
Noviembre 1997
Mi Chucho
El zarco era un perro blanco de regular tamaño que llego a casa siendo un cachorrito y al ir creciendo se convirtió en mi compañero de juegos, gran amigo y fiel guardián de la casa.
Me bañaba en el arroyo cuando vi pasar a Leovegilda y a Pablo, mas atrás venía Nacho montado en un burro y abrazaba a un perrito blanco, por lo regular cada semana venían de visita a la casa para poder asistir a misa. Los domingos nos regalaban todo el día, Pablo era sobrino de mi Padre.
Lo que llamo mi atención fue el perrito que abrazaba Nacho, me vestí y corrí tras ellos hasta alcanzarlos, no los salude ya que mi vista estaba puesta en aquel cachorrito blanco.
Grande fue mi sorpresa al oír que dicho perro era para mí, no lo podía creer, nunca nadie me había regalado un perro, en la casa no había uno así que no hubo mas remedio que adoptar este sin la amenaza de mi madre, dijo que si no lo cuidaba, lo regalaría mas adelante. Yo prometí que lo cuidaría y para demostrarlo le amarre de inmediato un mecate en el pescuezo y me fui con mis amigos a presumirlo. Todos acariciaban y se notaba a leguas la envidia y no falto quien hasta me lo quisiera comprar y al recibir mi negativa de venta le comenzó a buscar defecto: que estaba muy grandes en comparación del cuerpo y se parecería a un pinacate, pero lo que me preocupó y me mortificó todavía mas fue la aseveración de otro detractor de mi perro, dijo que los chuchos blancos eran los mas fáciles de contagiarse de rabia.
Ya estaba yo a punto de chillar cuando oí que otro dijo:
—Los perros blancos son los mas bravos—, sin que terminara la frase yo me sentí reconfortado pues cuando escuche el final y todos se rieron burlonamente de mi chucho, me lo lleve jalando del mecate que traía amarrado al pescuezo, en mi mente retumbaba la frase: —Son los mas bravos... pa' las tortillas—.
"Tio Cuco".
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