El Tagüinchi
Diciembre 1997
Nochebuena Guajeña
"En Nombre del cielo, buenos moradores dad a unos viajeros posada esta noche..." Luego las voces de adentro de la Iglesia respondían:
"La hora de pedirla no es muy oportuna, marchad a otra parte..."
Mas o menos así iniciaban nuestras fiestas de Nochebuena en Los Guajes.
El Rosario era acompañado con música de armonio y en el momento en que se cantaba un "Misterio", con tema navideño, por supuesto; un sinfín de sonidos se escuchaban en la Iglesia. Los chiquillos que llevaban un báculo de carrizo, adornado con flores de papel, con pequeños bules, listones de colores, cascabeles y campanitas; los agitaban fuertemente a ver cual sonaba más.
¿Se acuerdan que en ese mismo rato se tocaban unas húijolas de barro y otras pequeñas regaderitas de hojalata que querían semejar el canto de un pajarillo?
Luego del Rosario, los niños formaban una larga fila al lado del salón del cine para poder cambiar los boletos de la doctrina por juguetes, colaciones o galletas de animalitos y a algunos chiquillos les llegó a tocar también un poncho chano de los de entonces. ¿Verdad que sí se acuerdan?
Para eso, ya habían pasado a media tarde "los toros", que en aquel tiempo eran una gran atracción. Esta fiesta la ambientaba siempre una banda musical y no faltaba algún espectáculo especial en el que participaban personajes como "Chirulilla" y "José El Negro" (de Teco). Ya en la noche tenía lugar la esperada serenata en la Plaza.
En algún lugarcito estratégico, Chole Alvarez y en otro Doña Tomasa, la de Don Tacho, ofrecían sus ramitos de flores de distintos colores muy emparafinados y vistosos. Y los de lujo, perfumados.
Y nuestra hermosa tradición de dar vueltas y vueltas alrededor del kiosco, venía después.
¿Se acuerdan del sabor que tenían aquellas "vainas" que vendían por litros Don Pedro Colmán y Don Joven?
¡Cuánto confeti y serpentinas recogían los chiquillos para luego volver a aventarlos como en una lluvia de colores y otro buen puño de estas rueditas de papel irían en una bolsa "naila" al rincón de la casa donde guardábamos las cosas más queridas?
Que encanto y devoción despertaba en nosotros el hermoso nacimiento que se ponía en el Presbiterio, adornado alrededor con palomitas de papel y muchas campanitas...
El broche de oro de cada anochecer era el luminoso y colorido castillo que mirábamos con admiración. ¿A dónde iba a parar aquélla coronita que al final se desprendía como para emprender un viaje a las estrellas?...
En fin... en fin.... Decir nochebuena guajeña es decir todo esto y más. Es recordar los inigualables dulces de leche y los de naranja curtida que hacían Bachi y Agustina. Es hacer memoria también de la peregrinación de "Los Hijos Ausentes", organizada con lujo de detalles por Pacho y Ricardo Hernández. Luego, la fervorosa espera del Sr. Obispo de Autlán allá para la entrada de "las tarjeas", etc. etc. etc...
Ya en la madrugada la luz apetrolada de los aparatos se iba extinguiendo poco a poco para dar paso a la luz plena de la noche estrellada que arrullaría nuestro sueño.
Estela Hernández García.
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